
Niña rolliza de
andares desechables,
tu confianza
es sobrenatural,
de olfateada charlatanería
y bailes mortales.
Gobernanta de los corrompidos,
tu dictas su piel, su carne
y sus ojos.
La mandamás de las tonterías,
con cantos marchitos
y jornadas intensivas.
Tu ahuecada cabeza de
negligentes excavaciones
pule el suelo de los
condenados.
¿Cuándo quieres matarles?
Amamantas la verdad con
mentiras,
y el ocaso de tu gozo
se estrella en tu pelvis.
¡Eres un monstruo, gordo,
cruel y virgen!
Eres el imán de las
negras brujas,
la dulce muerte que aúlla.
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